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Stop al Comer Diseño

Stop al Comer Diseño

Stop al Comer Diseño
Publicado el 18 de diciembre |  "Autor" Alberto Soria

El comensal tradicional, el que toda su vida ha frecuentado restaurantes para homenajearse, seducir, conversar, se siente incómodo.

Taburetes en el bar para gigantones como los que juegan basquetbol en la televisión. Mesitas para enanos, y cocinas minúsculas forman parte del nuevo estilo moderno. A los nuevos restaurantes, parece que se va ahora a comer diseño.

La explicación del “desmadre

Cuando uno visita un nuevo restaurante -abriéndose paso entre la multitud de comensales golondrinas que han ido no porque tengan hambre sino por la novedad- los defectos asoman.

Diseñada para servir a 40 comensales, la cocina colapsa cuando el sitio de moda tiene el doble de clientes, cosa que a algunos restaurantes les pasa en el primer año de apertura.

El risotto avanza rápido del estado cremoso al del engrudo. El raviolón con perfume de trufas llega frío y la masa se endurece. Las sopas y cremas lloran de impotencia y las papas fritas pierden gracia.

El pato, cocinado contra reloj, llega duro. Ni Mandrake “El Mago” trabajando como chef logrará que en esta mesa de cuatro, en la otra de dos y en la de más allá de seis comensales, lleguen al mismo tiempo y en cocción perfecta, platos con comida caliente diferentes.

Ese desmadre en la cocina no es porque el chef y su brigada sean lentos. Es porque el diseño es inadecuado y el espacio para cocinar, escasísimo, insuficiente.

Restaurantes llenos y platos que demoran en llegar en exceso, es fenómeno frecuente en las aperturas de todas las ciudades.

¿Por qué algo tan elemental ocurre en sitios nuevos, inaugurados en el siglo XXI con tecnología de punta? Porque quizás chefs veteranos o dueños con gran experiencia no participan en el pre-diseño, piensa uno. Y porque los inversionistas modernos, antes que gran cocina prefieren gran ambiente.

A los malos diseñadores –supone uno- les cae muy bien el Cebiche, el Sushi y el Gazpacho. Se sirven fríos, no ponen a correr a la cocina. El problema ocurre cuando la cocina quiere correr y no puede, mientras en la sala los clientes en angustiosa espera y con hambre, “comen ambiente”.

Si el comensal atribulado pudiese entrar y dar un vistazo a la cocina y su área de frío para conservación de alimentos, constataría que una cosa son las cocinas de restaurantes que fotografían estupendo, y otras muy distintas las pequeñas e incómodas de la realidad actual.

Los restaurantes hoy son las plazas del pasado

Los sitios para comer hoy en las ciudades son algo más que restaurantes. Constituyen ante la desaparición de los paseos, el abandono de las plazas y el repliegue ante la inseguridad de las terrazas, el último refugio de civilidad de los urbanitas

Así, solo nos quedan restaurantes, librerías, y centros comerciales (para algunos ésos últimos son las nuevas plazas de la sociedad urbana). En la realidad, para los ciudadanos, sus parejas y sus amigos, nada hay como los sitios donde el espíritu y el cuerpo se restauran.

Por eso, un mensaje en nombre de los comensales a los responsables: Eviten que uno salga del local diciendo como Groucho Marx a sus acompañantes “Hemos tenido una velada fantástica, pero no ha sido ésta”.

Por: @Albertosoria

Posted in: Alberto Soria