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​La mesa de San Valentín

​La mesa de San Valentín

​La mesa de San Valentín
Publicado el 9 de febrero |  "Autor" Alberto Soria

La mesa de San Valentín

La mesa es más que un mueble. Eso lo comprueba usted en forma evidente en algunas fechas en el año.

La de San Valentín, que se festeja este mes, es una de ellas. Si bien las mesas de fin de año y la de los cumpleaños también están cargadas de emociones, nada supera en ilusión a la del Día de los Enamorados.

La prisa de los tiempos modernos que todo lo barre, ha eliminado las antiguas formas de festejo. Pero con la mesa y el brindis un día especial en Febrero, no ha podido. Ése día, una botella deja de ser una botella, y la mesa no es solo un mueble. Porque la emotividad está a flor de piel y le otorga valores emocionales a una copa, un bocado, una flor, un bombón de chocolate.

San Valentín cuando busca ofrendas, al primer sitio al que se asoma es a la mesa. La convertirá en altar del afecto. En los tiempos actuales la tecnología y la modernidad convertidos en teléfono inteligente, trata de arrebatar ésa simbología a la mesa de los enamorados. Pero no puede. No es lo mismo un WhatsApp con retrato y copa de vino en el fondo, que la comprobación sensorial del afecto que transmite un brindis, el chocar las copas y el mirar a los ojos.

¿Qué botellas son las correctas?

Todas las que tengan asociada la noción de compartir. No importa su precio ni la etiqueta. Como es una celebración emotiva, lo que importa es la intención, el hacer partícipe al otro de lo que siente, anhela, goza.

La noción de compartir (que define al amor) define también a la botella. Desde el Espumoso al Oporto. Del destilado, al vino que consiga. Porque ésa es otra condición válida en la mesa de San Valentín: Están permitidas las mentiras blandas. Sobre el vino dulzón, el muy suave, el vino añejo del Abuelo. Sobre los cocteles y la cocina de vanguardia. Sobre las ensaladitas de dieta, los postres y el qué combina con qué. Eso sí, en la mesa de San Valentín no se ponen las botellas con sabores amargos. Ni tampoco lo muy picante o muy salado. Como lo explicara Plinio El Viejo, la felicidad es dulce.

¿Qué bocados son los más adecuados?

La prisa de la vida moderna ha borrado las antiguas percepciones de mesa para compartir. No es banquete. Es una mesa con bocados y detalles. En el pasado cercano, los enamorados recurrían a las Tías y Abuelas cocineras para lucirse. Quien no las tenían, las pedían prestadas. Pero hoy lo que se estila son los bocados, los platos para compartir.

Eso le otorga al anfitrión o anfitriona un margen enorme de creatividad. Allí, lo único no bien visto es lo cotidiano: Desde la hamburguesa a la tele-pizza.

Lo importante

Con tan amplio margen de maniobra, sus posibilidades de éxito son enormes.

¿Todo vale? Sí, si lo hace con el espíritu de compartir, de agradar y homenajear al otro. La mesa de San Valentín es más que un mueble porque tiene memoria y sentimiento. Identidad que usted le otorga. También promesas y esperanza. No importa el precio de las cosas, sino la intención y el sentido de ofrenda. Anímese. Inténtelo. Disfrútelo.

Por: @Albertosoria


Posted in: Alberto Soria