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La figura, une. La dieta separa.

La figura, une. La dieta separa.

La figura, une. La dieta separa.
Publicado el 18 de diciembre |  "Autor" Alberto Soria

La figura, une. La dieta separa.

Por un plato sabroso acompañado con vino, se separan las parejas. Y también por ese plato y copa, se establecen nuevas relaciones y jerarquías. La figura une. La dieta constante, separa.

En los congresos de psicología, donde cocina y vinos no fueron nunca las estrellas, ahora hay un cambio hacia lo gourmet razonado, pulido, promocionado y con demanda. Pasa lo mismo en los encuentros de Sociología, en los de Coaching y en los de Motivación. Es una nueva tendencia en el mundo.

En los rascacielos de cristal desde donde se estudian las motivaciones del consumidor se ha llegado a una conclusión que hasta hace poco parecía increíble: "La Dieta que se sigue, es la nueva medida de la división por clases".

-En el lujo, las siluetas son iguales

-Se es más, si se come menos

-Sueño y consumo

¿Es esto así, tan evidente? le pregunto Jean Jacques Giraud, especialista francés en Tendencias de consumo y Estilos de Vida. Vive (muy bien) surtiendo de coñac, whisky de malta, vinos Premium y relojes a tiendas de lujo, sitios gourmets y aerolíneas, en todas las capitales de América. Por su trabajo, frecuenta constantemente restaurantes y locales nocturnos en las grandes capitales.

“Cada vez es más difícil por la apariencia, diferenciar quién es quién”, asegura. En el lujo moderno, las siluetas son iguales. También los accesorios y los colores de la ropa. Los originales, y las cada vez más perfectas imitaciones.

El hambre se diferencia del apetito. Tener hambre y salirse de la dieta, es mal visto. Aparentemente se es más, si se come menos. Y este nuevo código social en el siglo XXI, produce más rupturas y divorcios que Garota de Ipanema bailando samba frente al palco de turistas norteamericanos y europeos en el Carnaval de Río de Janeiro.

“Nuestras dietas hablan más de la clase social a la que pertenecemos, que nuestra indumentaria o el carro que conducimos”, relata el experto después de asistir a seminarios especializados en Los Ángeles, Chicago, Nueva York y en Hong Kong.

El fenómeno es marcadamente claro en Estados Unidos. Y desde allí, gracias a la digitalización y las redes se ha propagado como una mancha de aceite. Lenta, pero sostenidamente.

El auge de los productos orgánicos y biodinámicos (reales o de mentirita) es un indicador claro de la tendencia.

El sueño de la figura perfecta es el gran negocio moderno. Ese deseo incluye desde los vinos a los productos de granja. Desde los espumosos o rosados, hasta las hortalizas. Pasando por los quesos, el aceite de oliva extra virgen, los vinagres, la miel, los frutos y los huevos, la sociedad se mueve en ésa dirección.

La explicación es sencilla según los especialistas del sector: "La gente ha perdido confianza en la agricultura industrial".

"Los alimentos orgánicos ya no los venden gente con barba y sandalias. Ahora es un negocio serio", dijo recientemente en un discurso de apertura de la feria la del sector la comisionada de Agricultura de la Unión Europea, Mariann Fischer Boel. Me lo recuerda Giraud repasando apuntes en su libreta Moleskine.

Los alimentos real o presuntamente saludables, que definen un estilo de vida se han mudado desde los mercados nicho, marginales, a los supermercados dominantes en Europa y Estados Unidos.

La comida define, las dietas unen por un rato, hasta que la militancia extrema separa.

Para explicar ésa búsqueda de felicidad, el conocido escritor brasileño Paulo Coelho recurrió a una anécdota de su amigo Tim Maia.

“Tim era un gran filósofo”, rememora Coelho. Me contó una experiencia que le iluminó la vida: “Me propuse hacer una dieta rigurosa. No probé alcohol, ni azúcar, y me abstuve de comidas con grasas. En dos semanas, perdí 14 días”

Por: @Albertosoria

Posted in: Alberto Soria