En el mundo de los negocios, o por iniciativa personal, invitar a comer es algo siempre muy bien recibido. Ahora, también es complejo. Puede serlo mucho. Antes, iba usted con su invitado a un restaurante, pedía el menú y –sin sobresaltos- escogía. Podía hacer eso porque los comensales entendían todo. Ahora no.

            En muchos sitos full-modernidad, no les gusta mostrar el menú a la antigua, para que usted lo lea. Prefieren cantarlo. Cosa que para la memoria y el bolsillo son malas.

 

            Uno no recuerda, entre los 30 platos ofrecidos, cuál le gusta más. Además  no puede echarle un vistazo a la columna de los precios. Porque nunca se lo dicen.

            Con los vinos hacen lo mismo, y por eso el comensal escoge a lo ciego, sin tener la más mínima idea de cuánto le costará la aventura.

            Lo más sádico del estilo es que dan la impresión de que le han hecho un favor, y el comensal no ha sabido apreciarla. El Jefe de Sala o su homónimo le explican los platos, las salsas, la preparación y los acompañantes con una seguridad y velocidad que usted no se atreve a interrumpir.

            A mí me da pena -nos cuentan los amigos- pedirle al tipo que repita todo. ¿Desde dónde? Desde el principio, recomienda uno.

             El menú escrito a lo viejo, al que estaba el comensal acostumbrado, avanza rumbo a su desaparición.  

            Pocos restaurantes se atreven a ofrecer menú-a-lo-viejo.  Hoy, muchos menús están  escritos en un lenguaje muy florido. Como si pusieran a un poeta, o a un escritor loco, a hacer con un plato de pasta –por ejemplo- literatura culinaria de vanguardia.

            Aquí tiene algunos ejemplos:  “Raviolones de anatidae (pato) viajero macerado en licores italianos y finas hierbas, en perfecta cocción, con fondo de alcachofas flotando sobre reducción de gorgonzola importado, espumas de batata y perfume de hinojos”.

            Otro ejemplo: “Tepuy amazónico en ying yang con salsa de caraotas liberadas, hongos y perejil de la huerta de Josefa Ignacia”. Finalmente, uno más suave a ver si entiende: “Tesoro de aves (no se especifica, pero quizás incluya gallina), en perfumes de curry de Madrás, con notas lejanas de jengibre y carnaval caribeño de ají dulce”.

            Una variante a lo anteriormente descrito son los platos con nombre propios.  

La moda amenaza hoy con convertirse en plaga.

            Cuando triunfe, su efecto será igual a la de conducir por una ciudad en la cual, de noche, los borrachos se divierten cambiando el sentido de las flechas de tránsito y sustituyendo los nombres de calles claves y avenidas.

            Por eso –cuentan los enterados- en los sitios ultra-modernos, se come y bebe poco y caro, “¡Pero cómo se divierte uno¡” nos dicen para nuestra sorpresa

           

 

@albertosoria

Tienda

Avenida Rio de Janeiro con calle Trinidad, (al lado del Maute Grill). Las Mercedes, Caracas - Vzla. Horario de atención: Lun-sab: 8:30 am a 8:00 pm / Dom: Cerrado. Telf: 0212 958.21.11

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