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Buen humor en un plato
Publicado por AS | Publicado en Armonías Gastronómicas | Publicado el 27-07-2010

El último best-seller de Susan Kleiner se llama “La dieta del buen humor”. Desde el cielo -donde según consenso de gastrónomos se encuentra- el Dr. Francisco Grande Covián, al ver el título del libro junta las manos como en plegaria y mira hacia abajo. Es decir, hacia nosotros.
Desde España, el colega Carlos Iglesias me asegura que hubiese seguido mucho más a la autora, si no recomendara tanto ejercicio. Es fantástica, tiene decenas de miles de lectores. Le explico que por razones de fuerza mayor, en las librerías venezolanas el último título de la Kleiner no se consigue.
Se lo cuento, responde. Pero si uno ha pasado los cincuenta, es mejor que lo escriba en un papelito. Debe leerlo todas las mañanas antes del desayuno, aclara. Me manda un email y tomo nota: leche, yogur bajo en grasas, pescados de agua fría (salmones, caballa y sardinas), jamón o alimentos con B12 (ostras, almejas), fresas, espinacas, batatas o papas, cafeína con moderación, y alimentos con selenio como el atún, el pez espada o los cereales integrales.
La argumentación técnica de porqué como nutricionista y con qué estudios llegó a ésas conclusiones, es largo. Y como la mayoría de las explicaciones científicas sobre nutrientes, composición química de los alimentos, porcentajes, probabilidades de logros alcanzados con su ingesta y futuro esperado, es más cercana a una cátedra de encuestador político, que a una definición de Claudio Nazoa porqué hay que comer huevos o sardinas.
Como opción por si uno se cansa de las espinacas, se puede todo lo que contenga ácido fólico (brócoli, hojas verdes, germen de trigo, lentejas, sojas y guisantes). ¿Y el vino, qué dice sobre las dos copas diarias de vino tinto para el corazón? pregunto. No sé, responde Carlos. No le pregunté. Pero habló mucho de mantenerse hidratado. Con agua, remató.
¿Y los garbanzos? ¿Qué dice la Kleiner de los garbanzos? Contienen un aminoácido, (el triptofen), que en cantidades generosas produce serotonina, “sustancia que se podría decir que es la hormona del placer y también la hormona del humor, muy beneficiosa, pues, para la salud mental” aseguran tratadistas españoles en los que cree a pie juntilla el colega Iglesias.
Cuando uno por escéptico incorregible que es todo periodista, le pide al colega revelar la fuente de su información, nos remite a un estudio de investigadores que explicaron la buena sensación que producía el consumo de garbanzos en Oriente Medio. Ése es el momento en que, sentado comiendo un puñadito de nueces y aceitunas kalamata junto a San Pedro, el doctor Grande Covián, sonríe.
¿Además de ése, no tienes otro ejemplo de espacio terrenal donde los garbanzos en abundancia funcionen? preguntamos. Resulta que no. Pero sí tiene un personaje: Don Quijote.
Cuando ya estamos dispuestos a cortar la comunicación, el periodista español nos sacude con un dato: “El mismo aminoácido del garbanzo, que causa la segregación de la serotonina, es el que emplea la farmacología moderna para producir el popular antidepresivo Prozac. En Medio Oriente se vende menos el antidepresivo, porque la gente come diariamente garbanzos.” Ya lo explicaba Huteau me digo: Creer, funciona.



