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Los restaurantes y las ciudades
Publicado por AS | Publicado en Gastronomía | Publicado el 05-02-2010
En Venezuela, los restaurantes son más importantes que los carteles de señalización que instalan las autoridades municipales.
Sirven para ubicar al peatón y al automovilista, al mo-torizado, a los que se han perdido, al turista, a los bomberos y la policía, y a quien tiene hambre.
En nuestro país es más fácil que un cartero describa en segundos las coordenadas de un restaurante a que ubique una dirección postal escrita con rigurosidad anglosajona. Sin embargo, en términos urbanísticos, los restaurantes son considerados según quien viva en su vecindad, un estorbo o una necesidad.
Generalmente ocupan sitios que no han sido concebidos para cocinar y atender a un centenar de personas al mediodía y a la noche. Por eso, los vecinos aseguran que degradan la urbanización, a la que no atacan como pirañas sino poco a poco, como una mancha de aceite.
Cuando se amontonan, los restaurantes establecen complicidades urbanas. Hay calles del hambre, donde ningún sitio es más famoso que el otro, y también calles con grasa.
Las calles con restaurantes amontados no son de buen ver en ninguna ciudad, salvo para la gente joven que ama la saturación. En ellas, los carros ocupan todos los espacios, el peatón es como un marciano, y el martirio de los desechos echa a perder la vida a aquellos que aman caminar en busca de la salud perdida.
En contraste, hay restaurantes emblemáticos que le dan vida a una calle. Hay urba-nizaciones que definen un estilo (caro/ barato, lujoso/sin pretensiones) del restaurante antes de que éste abra sus puertas. Un sitio fashion quiebra a los tres meses, si elige una urbani-zación equivocada.
Hay zonas de las ciudades que detestan a los restaurantes y luchan para recluirlos en los centros comerciales. Hasta la década de los años setenta del siglo pasado, los restauran-tes se instalaban en casas de arquitectura colonial. Después se dedicaron a echarlas abajo para construir cosas más lujosas y por último se recluyeron en los centros comerciales.
Pero más de 30 años después, ocho de cada diez restaurantes exitosos gastronómi-camente están fuera de los centros comerciales. ¿Por qué? Un especialista en consumo ex-plica que los comensales detestan enfrentar colas de carros, tener problemas para estacio-narse y que además les resulta incómodo caminar un poco para entrar al local. Adicional-mente, les molesta mezclarse con otros consumidores: ellos van a comer y a beber, no a comprar, pasear o pajarear.
Por todo lo anterior, visto desde fuera del negocio de la restauración “el punto” es más de la mitad del éxito de un restaurante. El punto vale oro, especialmente si el inversio-nista no sabe mucho de restaurantes. Sólo a los buenos cocineros y a los restauradores con fama de honestos la gente los sigue como a los toreros.
Ellos son capaces de crear un punto donde no lo existía porque le dan vida al es-pectáculo. Pero estos personajes, como los buenos toreros, son escasos.



