
El café irlandés es delicioso, porque el whisky le pone música a la copa. El Irish Coffee no es una invención que nos llega del mundo del café sino del bar, del pub, del frío. El éxito de los irlandeses es haber concebido la bebida a partir de dos productos estrellas del país: su whisky y su leche.
El Irish Coffee es una creación popular y anónima que ha conquistado al mundo del bar. Se bebe a la hora del café o en las madrugadas en todos los países donde se aprecia el whisky. Cuando hace frío, se le bebe también en los desayunos.
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Mis amigos irlandeses dicen que también el Iris Coffee se bebe cuando el día está nublado, cuando uno tiene nostalgias, cuando se siente triste, cuando está eufórico al finalizar una comida, cuando se va a caminar mientras llueve y cuando se mira televisión solo, o en grupo.
Sin bien en los últimos 100 años el prestigio del whisky irlandés ha sido algo opacado, el prestigio del café irlandés se mantiene. Tanto, que en algunos países el éxito de la fórmula original ha alentado a otras categorías de aguardientes y licores a tratar de desplazar en la receta al whisky irlandés. Así ocurrió por ejemplo, con licores basados en naranjas amargas, coñac, brandy, etc.
El whisky irlandés fue famoso en el siglo XIX, a tal punto que dominó la categoría del whisky en muchos mercados, incluso el de Gran Bretaña. Pero hoy en Irlanda hay unas treinta destilerías contra centenares que existían hasta principios del siglo XX.
Si bien hay centenares de versiones, la receta original del Irish Coffee es ésta que transcribimos para los curiosos, los gourmets, e incluso para aquellos que creen que es un desperdicio ponerle al whisky café y leche: 42 g de whisky irlandés, 1 cucharadita de azúcar, 125 g de café hirviendo hecho de café recién tostado, y crema bien espesa. Se aclara una copa con pie (un vaso no se estila) con agua caliente. Después colocar el azúcar en la copa, seguido del whisky irlandés. Añadir el café, dejando suficiente sitio para la crema. Mezclar muy bien y esperar que esté la superficie completamente quieta antes de añadir la crema, vertiéndola lentamente sobre la parte trasera de una cucharita.
La crema debe quedar flotando en la parte superior del café sin mezclarse con la bebida. En los pubs de Irlanda, cuando por alguna razón la receta no ha resultado perfecta, jamás se lo ofrecen al parroquiano. Simplemente lo botan e intentan de nuevo.