¿Macho de pelo en pecho bebiendo rosado? le pregunto a Bernard, mi asesor en Champagne. Él sonríe con picardía, y Gerard, mi viejo amigo en la región (más
ligado a las casas productoras y a la comercialización) lo explica. “Es la tendencia, Profe.
“Desde hace más de cinco años, no retrocede. Por el contrario avanza”. Son los nuevos tiempos, reflexiona Bernard.
Resulta que el rosado con burbujas está cambiando en percepción. Ha dejado de ser copa exclusivamente de mujeres.
En realidad, ha ocurrido una revolución en la calidad. El rosado ya no significa lo que antes era en la mente del consumidor: botella de desconfianza, dulzón, el más barato para producir porque no se hacía sino con las mejores uvas, de corta vida porque no pasa por barrica y los taninos son débiles.
Un gourmet debe recordar para presumir ante sus conquistas o en tertulias con catadoras, que hay dos formas de hacer espumosos rosados.
El más usual, el de ensamblaje. Es el método que mayoritariamente se usa en la champagne francesa, por mezcla de blancos y tintos, donde se deja predominar a estos últimos.
El segundo estilo, es de “sangrado”. Se llama así al método donde se macera por más o menos tiempo la piel de la uva con el mosto. (En criollo: se deja que la piel roja de la uva, esté más horas en contacto con el jugo, para que lo tiña apenas, suave o fuertemente).
El champagne o el espumoso por ensamblaje, se parece mucho a la versión en blanco, es decir a la botella que se bebe siempre. El rosado por sangrado tiene más fruta y personalidad.
“El rosado puede tener tanto encanto como un tinto o un blanco jóvenes” aseguran observadores europeos del vino. “Puede acompaña los embutidos, quesos y las carnes blancas mejor que cualquier otro vino” sostienen a su vez con fanatismo, quienes lo producen.
Lo que ocurre, razona Gerard, es que hay que dedicarle la misma atención meticulosa que exigen el tinto o el blanco. Eso no se hacía en el pasado cercano. Pero ahora el panorama está cambiando, dentro del vino tranquilo y fuera de él, en las botellas con burbujas.
A las botellas de espumoso se las descorcha como copa de seducción, tertulia, como trago refrescante y a ahora cada vez con mayor frecuencia, para acompañar comidas. Es una alternativa al blanco más que al tinto. Pruebe, dicen mis asesores.