Cuando una/un amante del vino quiere comprar bajo escenarios de incertidumbre en precios, busca ayuda. Con las bebidas espirituosas (Spirits) debería hacerse lo
mismo, pero no ocurre.
Quien ama el vino tiene múltiples opciones para escoger. En los spirits (Whisky, Vodka, Ron, etc.) eso no pasa. Allí, por lo general al consumidor no le gusta cambiar de botella. Se vive aferrado a una fidelidad, volviendo monótono el paladar.
En el vino, se busca ayuda formando círculos de cata. En ellos, se acepta y de buen grado a los que no saben, pero tienen ganas.
Innumerables hallazgos en botellas que uno no considera adecuadas, ocurren cuando un paladar distinto al nuestro descubre cosas. Amabilidad en una botella, por ejemplo. “Este vino sirve para conversar”. Armonías no ensayadas por seguir la vieja tradición: Quesos con tintos, por ejemplo, cuando en realidad iría mejor con una botella de blanco.
En los círculos de cata, hacen siempre falta una o dos personas que no sepan, pero tienen ganas. Amplían el espectro. Aportan una nueva forma de mirar. (Al Merlot, el Malbec, el Pinot Noir, les beneficia esta mirada. Y qué no decir de las opciones del tinto en el viñedo Italiano).
El círculo de cata permite además distribuir mejor la carga, que en escenarios económicos de incertidumbre es golpeada por la inflación. La compra, dividida en cuatro, aporta al paladar. Lo hace crecer, probar, ensayar botellas que solo, uno no podría.
La segunda recomendación tiene que ver con los estilos de cata. Que son básicamente tres: horizontales, verticales, a ciegas. Es conveniente, si quiere aprender, divertirse y mantener viva las ganas y esperanzas, que mezcle dos estilos.
Para empezar, Horizontales a Ciegas. Sin hacer trampa. No se debe (por ahora) comparar entre si botellas desparejas. Una botella de un mono-varietal Malbec (Merlot, Carmenére, Tannat, Tempranillo, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Grigio, Torrontes, ect.) de precio XX confrontada con otra de precio mayor XXX.
Ponga a competir a ciegas (para que la etiqueta, el nombre, la publicidad) no distorsionen la comparación, cosas similares. La misma cepa, el precio, origen y la añada. Se divertirá. Y se llevará sorpresas. Aprenderá además que un escenario de compra que le parecía acotado, finito, no lo es.
Hay dos cosas fundamentales para que las horizontales a ciegas funcionen: Asegurado lo anterior, la temperatura. Tiene aquí en el blog, en nuestro libro “Vino para Uno” de Editorial Alfa, y en la “Guía 365 vinos” (Editorial Legis) de aventajados alumnos nuestros, información la necesaria.
El otro elemento fundamental para hacer placentera y frecuente la cata, es escoger qué comer después de la copa. La cata no es ejercicio de faquires. Debe ser hedonista, divertida, agradable, con memoria. Si importa el sacacorchos, también importa el plato. Que puede no ser plato sino una tabla de quesos. Que no es plato sino bocado que se toma con los dedos.
¿Qué trae usted Profesor? Pregunta la menuda intelectual que organiza el círculo de cata. “El pan, el pan” responde uno, que tiene maestros escogidos de la especialidad en la ciudad. Un buen pan es el secreto para hacer catas agradables, memoriosas, en tiempos de incertidumbre.